Los formularios me parecen una
herramienta didáctica muy útil, no sólo
para la evaluación, sino también como actividad de clase. Bien diseñados,
permiten visualizar los errores en forma rápida y trabajar con cada estudiante
para corregirlos. Pueden utilizarse con retroalimentación inmediata y la
autoevaluación: el estudiante puede volver rápidamente sobre lo que no
comprendió y el docente puede diseñar recorridos personalizados.
La cuestión central es cómo se
diseña y como se integra con otras estrategias de enseñanza: puede promover la
comprensión pero también puede limitarse
a retroalimentación positiva o negativa en un modelo conductista. Si bien en
todo instrumento de evaluación existe este riesgo, los formularios han
sido el mayor exponente de las
evaluaciones automáticas, sin reflexión posterior. Como toda evaluación, es
válido como instrumento sólo si luego el docente lo utiliza como un insumo para
su enseñanza (y el estudiante para su aprendizaje) y no sólo como una actividad
de cierre cuyo único objetivo es la calificación.
En cuanto a la utilización de
Google Forms, creo que es útil pero le faltan
varias opciones que tiene por ejemplo el entorno Moodle . Por ejemplo la
organización por temas de las preguntas, el emparejamiento, la corrección de las
opciones de completar, etc.
Otra cuestión interesante es la
de las estadísticas que este tipo de evaluación propone al docente, lo que
permite hacer una reflexión sobre las propias prácticas y la propia evaluación,
o sea una meta evaluación. Además de lo individual en cada “examen”, permite detectar los
errores grupales, y poder reflexionar así si se trató de un problema de diseño
del ítem, de las estrategias de enseñanza , o del curriculum.
Destaco también que puede
utilizarse desde los teléfonos celulares y tabletas, permitiendo que los
estudiantes los resuelvan en clase e integrándose
en M – learning .
En resumen, una muy buena herramienta que puede integrarse
en distintas etapas del aprendizaje y la
evaluación.
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